La democracia debe ejercerse, no declamarse

El año 1918 marcó un hito en la vida universitaria en la República Argentina. Puso fin a una época de oscuridad y elitismo en la vida académica del país.

 

Independientemente de las consecuencias que trajo para la vida académica, los logros alcanzados por ese movimiento estudiantil, que tuviera lugar en la Ciudad de Córdoba y que fuera muy bien expresado por Deodoro Roca en su manifiesto liminar, es evidente que, el mencionado acontecimiento, cruzó una línea demarcadora entre lo sucedido antes y después de este hecho histórico.

 

Fue a partir de entonces, que se establecieron los cuatro principios básicos de la Reforma: la autonomía universitaria, el acceso a los cargos docentes por concurso, la periodicidad de las cátedras y el co-gobierno de las instituciones universitarias, con la participación de todos sus claustros.

 

A partir de entonces, ésta participación le otorgaba a los involucrados en la vida académica, derechos y obligaciones en el marco de las decisiones políticas de la vida institucional.

 

Con los años, e independientemente de la importancia que cada uno atribuya a esta reforma, se ha podido observar que algunos sectores del co gobierno, han ido desvirtuando sus derechos y también sus obligaciones, anteponiendo sus ideas a sus ideales y permitiendo una mirada de la política partidaria sectorial por sobre la política universitaria en general. Esto ha desviado el debate y ha permitido que, soluciones que debían darse en el contexto institucional, debatiendo aspectos de la vida académica hacia su interior, se desvíen del mismo hacia otros sectores más interesados en una política menos constructiva.

 

Otro hecho significativo, ha sido observar cómo, desde los sectores estudiantiles, se ha ido deteriorando la representatividad de sus pares, legítimamente adquirida en las elecciones de su claustro, muchas veces defendiendo lo indefendible, reclamando prebendas y beneficios sin considerar los esfuerzos y los méritos, alejándose del cumplimiento de las normas, con un discurso más orientado a acercar afiliados partidarios que a lograr estudiantes comprometidos con la vida institucional.

 

Esto quedó claramente expresado en la última elección de Decano para nuestra casa de estudios, cuando un grupo minúsculo de estudiantes, algunos de ellos de dudosa matriculación en nuestra facultad, impidió, formando un ''cordón humano'', acceder a los consejeros y profesores al salón donde se realizaría la sesión extraordinaria del Consejo Directivo que tenía, como único tema, la elección de quien sería responsable de gestionar la facultad en los próximos 4 años. Una verdadera lástima y un descenso en la calidad institucional.

 

Acciones como las referidas no le hacen nada bien a las instituciones y mucho menos reivindican la lucha de estudiantes que en el siglo pasado pretendieron transparentar la vida universitaria.
Desde esta página apelamos a la reflexión estudiantil en su conjunto, de los que con conductas antidemocráticas pretendieron hacer fracasar el trascendente acto y también de los que representando la inmensa mayoría de la comunidad estudiantil que por estar ausentes no pudieron impedir semejante atropello a la vida universitaria.

 

8 de Abril de 2014